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                          Des-etiquétame                                                      May. 22

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Los alumnos de 2º  Educación Plástica, Visual y Audiovisual han trabajado sobre las etiquetas sociales junto con el uso de los colore complementarios y el concepto de identidad mediante el autorretrato. Todo ello ha dado lugar e esta exposición donde también han podido expresar sus ideas sobre las etiquetas sociales que usamos todos los días.

 

¿QUÉ SON LAS ETIQUETAS SOCIALES?

 

     Las “etiquetas” sociales son estereotipos de comportamiento que generan prejuicios y los refuerza. Influyen en nuestras emociones y actos de acercamiento o exclusión, pasan de una generación a otra y hacen mucho daño.

     También se entiende por etiqueta aquellas normas de comportamiento convencional que se espera de las personas dentro de un grupo o clase social en un momento y lugar determinado.

     Las etiquetas nos sirven para clasificar la realidad, bien sea personas, objetos o situaciones y percibir la realidad dándole un cierto orden y estabilidad sin tener que hacer análisis muy profundos. Así nos es más fácil decir “tu eres tal o cual” asignar adjetivos y caracterizar a las personas, independientemente del conocimiento que tengamos de ellas, que tratar de profundizar en el conocimiento de la situación que genera el comportamiento. Por ejemplo, decir que tal persona “no sirve para nada” o “fulano es un desastre” “X es una desordenada” etc. puede ser que impida conocerla mejor. Nos quedamos en la superficie, desconocemos la situación, lo que nos impide ser más empáticos o comprensivos.

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Cómo enriquecer las relaciones eliminando «etiquetas»

 

Tardamos menos de un segundo en emitir un juicio sobre una persona y otros 3 en colgarle una etiqueta (mala, en la mayoría de los casos).

Ello acabará empobreciendo la relación, ya que ésta se construye desde un solo ángulo de visión: el de la etiqueta adjudicada.

Conocer a alguien “de verdad” lleva tiempo; lo que es visible en los primeros instantes de las relaciones está muy lejos de lo que realmente ES una persona.

Lo que vemos, eminentemente, son comportamientos.

También alguna competencia, pero ni mucho menos todas las que la persona posee (charlando con un desconocido, podemos percibir si se comunica con fluidez pero no tenemos ni idea de si utiliza bien Excel o sabe tocar el piano)

Sus valores y creencias quedan muy profundas, y ya su identidad…ni te cuento.

Y todo eso forma parte de él/ella.

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Nadie es más que otro

Ten en cuenta que nadie va a ser mejor que tú por ir vestido de cierta forma ni tampoco peor. Esta es la regla de oro para eliminar las etiquetas, porque es sencillo etiquetar a alguien, pero es uno de los errores más terribles que podemos tener. Da igual si tienes más o menos dinero, estudios, o si hablas mejor o peor. El caso es que todos somos iguales y nadie debería verse en la tesitura de sufrir ese miedo a ser juzgado por los demás, porque cada uno de nosotros, tiene su propia historia. Y que no te digan lo contrario, porque los estereotipos se pueden destruir para comenzar a valorarse más a uno mismo. La clave por eso, será siempre ser más humilde y no caer en la torrente de la negatividad y de la envidia.

Sobre este tema habla Ernesto Díaz Laguardia, consultor de Trainer & Neurocoach, de nacionalidad cubana, certificado en ‘master’ en Programación Neurolingüística y miembro de la Asociación Internacional de Coaching (IAC). Al respecto responde algunas preguntas.

 

 

¿Cómo se podrían definir las etiquetas o estereotipos y por qué se producen?

Las etiquetas y estereotipos son el resultado del esfuerzo de las personas por darle sentido, justificación y encontrarle significado a la realidad que les rodea, a las personas que consideran diferentes de sí, ya sea por su origen étnico, su cultura, su estatus social y económico, su edad y cualquier otra condición. Son ideas expresadas en palabras e imágenes, que generan y refuerzan emociones como el desprecio, el miedo e incluso la ira, así como acciones de rechazo, aislamiento y oposición. Vienen dadas por los condicionamientos a que nos vemos sometidas las personas desde edades tempranas por los adultos de referencia, al adoctrinamiento cultural que propone que, “quien no es igual es nuestro enemigo”, “quien no está con nosotros, está contra nosotros” y en consecuencias, hay que enfrentarlo. De igual forma, encuentra sus causas en la no educación en competencias como la compasión y la colaboración y en un deficiente acompañamiento en el proceso de socialización con otras personas que no pertenecen al núcleo familiar y comunitario conocidos.

 

¿Son las etiquetas inherentes a la condición humana?

No lo son, en el sentido de que no nacemos con ellas codificadas en nuestro cerebro, ni estamos condicionados como seres humanos a ponerlas o a usarlas ineludiblemente. Son el resultado como ya dijimos de los procesos de aprendizaje, de un buscar comprender la realidad que nos rodea y eso sí es inherente a la condición humana: la curiosidad, la búsqueda de sentido y de significado. Podemos encontrar que ante una misma realidad, persona o grupo, que se nos presentan, cada cual forme sus propias opiniones a partir de lo percibido a través de la experiencia directa o aprendida de otros y ponga un nombre para definir estas realidades y entonces con ello acabe por etiquetar, crear estereotipos, reforzar prejuicios.

¿Afectan estas el desarrollo cuando se tiene un patrón limitante? ¿Cómo afectan la psique?

Cada vez que usamos etiquetas, hay emociones que se implican y conexiones neuronales que se refuerzan en nuestro cerebro. Solo hay que cerrar los ojos un momento y pensar en nosotros mismos, usar varias de esas etiquetas que nos han enseñado para descalificarnos: fracasado, idiota, maldito o cualquier otra, para comprobar el efecto que causan. Su uso continuo, durante mucho tiempo, acaban por generar afectaciones tanto en lo físico como en el plano emocional y cognitivo y ni se diga en el plano de las relaciones con otras personas de nuestro entorno y más allá o en aspectos como el desempeño académico o laboral. Una persona en una posición de liderazgo, que se comunica con su equipo de colaboradores mediante el uso de diversos calificativos con una connotación negativa, puede causar mucho daño, tanto en las personas y su rendimiento, como en lo que se conoce como el clima organizacional. Ocurre lo contrario, siempre y cuando la expresión y uso de otros calificativos sea veraz y auténtica.

 

¿Qué se puede hacer cuando se cree en esta etiqueta y se quiere superar un obstáculo?

Las etiquetas funcionan como un hechizo o conjuro, una norma o idea aceptada como verdadera, en ocasiones, a niveles profundos de la persona. Es muy importante comenzar por darnos cuenta de dichas etiquetas en nosotros y reconocer el poder que han tenido, al tiempo de pensar que lo contrario a ellas también es posible. Posible para nosotros, por lo que lo aprendido e interiorizado se puede desaprender, recordando que ser persona humana es mucho más que una etiqueta, un estereotipo, creencia o comportamiento. A veces la ayuda externa de un consejero profesional, coach o terapeuta pueden ser necesarias para ayudarnos a desmontar las varias capas de significado que se han creado con el paso del tiempo y que nos han estado haciendo daño o que sentimos que no nos dejan avanzar en la vida.

En el caso de los niños se ven mucho estos estereotipos en las aulas y grupo de amigos. Cuando se genera la exclusión por este tema ¿qué se puede hacer?

Las escuelas, como las familias y otros adultos, que son referentes para los niños y las niñas, tienen un rol central en el proceso de socialización y en la creación de etiquetas y estereotipos. A veces por acción, otras por omisión. Enseñar y ayudar a desarrollar en la práctica cotidiana competencias básicas como el pensamiento crítico, la calma (que incluyen el autoconocimiento y el manejo inteligente de las emociones), la compasión (que incluye la empatía y aceptación del otro), así como la comunicación interpersonal, la colaboración y el civismo, son un rol primordial de docentes y directivos de escuelas.

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